La poesía de Magda Portal I [Recorte de prensa]
- PE PEAJCM JCM-F-03-3-3.3-1926-08-27
- Item
- 1926-08-27
Parte deFondo José Carlos Mariátegui
La poesía de Magda Portal I
Magda Portal es ya un valor signo en el proceso de nuestra literatura. Con su advenimiento, le ha nacido al Perú su primera poetisa. Porque hasta ahora solo habíamos tenido algunas mujeres de letras, de las cuales una que otra con temperamento artístico, o, más especificamente, literario. Pero no habíamos tenido propiamente una poetisa.
Conviene entenderse sobre el término. La poetisa es hasta cierto punto, en la historia de la civilización occidental, un fenómeno de nuestra época. Las épocas anteriores produjeron solo poesía masculina. La de las mujeres también lo era, pues se contentaba con ser una variación de sus temas líricos o de sus motivos filosóficos. La poesía que no tenía el signo del varón, no tenía tampoco el de la mujer -virgen, hembra, madre-. Era una poesía asexual. En nuestra época, las mujeres ponen al fin en su poesía su propia carne y su propio espíritu. La poetisa es ahora aquella que crea una poesía femenina. Y desde que la poesía de la mujer se ha emancipado y diferenciado espiritualmente de la del hombre, las poetisas tienen una alta categoría en el elenco de todas las literaturas. Su existencia es evidente e interesante a partir del momento en que ha empezado a ser distinta. En la poesía de Hispanoamérica, dos mujeres, Gabriela Mistral y Juana de Ibarbourou, acaparan desde hace tiempo más atención que ningún otro poeta de su tiempo. Delmira Agustini tiene en su país y en América larga y noble descendencia. Al Perú ha traído su mensaje Blanca Luz Brum. No se trata de casos solitarios y excepcionales. Se trata de un vasto fenómeno, común a todas las literaturas. La poesía, un poco envejecida en el hombre, renace rejuvenecida en la mujer.
Un escritor de brillantes intuiciones, Félix del Valle, a quien ojalá cure Europa de su nirvana suicida, me decía un día, constatando la multiplicidad de poetisas de mérito en el mundo, que el cetro de la poesía pasa a la mujer. Con su humorismo ingénito formulaba así su proposición: —La poesía deviene un oficio de mujeres—. Esta es sin duda una tesis extrema. Pero lo cierto es que la poesía que, en los poetas, tiende a una actitud nihilista, deportiva, escéptica, en las poetisas tiene frescas raíces y cándidas flores. Su acento acusa más élan vital, más fuerza biológica.
Magda Portal no es aún bastante conocida y apreciada en el Perú ni en Hispanoamérica. No ha publicado sino un libro de prosa: El derecho de matar (La Paz, 1926). Sus tres libros de versos: "Ánima absorta", "Vidrios de amor" y "El desfile de las miradas", están todavía inéditos. "El derecho de matar" nos presenta casi solo uno de sus lados: ese espíritu rebelde y ese mesianismo revolucionario que testimonian incontestablemente en nuestros días las sensibilidad histórica de un artista. Además, en la prosa de Magda Portal se encuentra siempre un girón de su magnífico lirismo. "El poema de la Cárcel", "La sonrisa de Cristo" y "Círculos Violeta", tres poemas de este volumen, tienen la caridad, la pasión y la ternura exaltadas de Magda. Pero el libro presenta a mi juicio un defecto congénito. Es un libro en comandita. Contiene prosas de Magda Portal y de Serafin del Mar. Y esta clase de sociedades en comandita, por varios motivos, no son de mi gusto. El libro, para la crítica, es siempre inseparable del autor. En un libro se juzga una jornada, una estación de un escritor o un artista. Por consiguiente, en un libro en comandita, — aún en los casos en que la afinidad o similitud de temperamentos o de motivos logra cierta unidad—, no se enjuicia realmente un libro sino dos. En este, por ejemplo, el título es de Serafín del Mar. Título de gusto anarcoide y nihilista en el cual no se reconoce el espíritu de Magda.
Magda es esencialmente lírica y humana. Su piedad se emparenta dentro de la autónoma personalidad de una y otro —con la piedad de Vallejo. Asi se nos presenta en los versos de "Anima Absorta" y "Vidrios de Amor". Y así es seguramente. No le sienta ningún gesto de decadentismo o paradojismo novecentistas.
"Poliedro", la neonata revista del poeta Armando Bazán, a la que auguro toda la fortuna que merece, nos acaba de recordar uno de los poemas en que más puramente nos habla la poetisa:
GRACIA PLENA
Cómo tiemblas en mi alma,
cómo tensas mi joven piel rosada,
cómo me agitas toda y tremes, cómo
jadeas en tu encierro de carne deslumbrada!
Y lates, y golpeas y emocionas,
corazón, nervio, ala inquieta,
verdadera y tangible carne clara,
con voluntad, entre mi carne quieta.
¡Dios mió! Cómo vibra, cómo tiembla,
cómo golpean sus nudillos llenos
de impaciencia la puerta
cerrada de mi vientre y de mis senos...
Me asombra, yo que vengo de tan lejos,
golpeándome los lados de la frente y
dando tumbos contra la pared,
me asombra cómo derrepente
te introdujiste tan al fondo de
esta carne dura, impenitente,
y la ablandaste y la obligaste a ser
tu cálida prisión
que pronto has de romper...
¡Dios mío!... Y yo le be dado gota a gota,
la miel del interior de mi colmena,
su celeste sabor llena su boca,
toda su carne está de mi alma llena.
¡Dios mió!... y yo le mezo, y yo le canto,
en su urna de carne rosada, que
de sostenerle y abrazarle tanto,
siento doler...
En sus primeros versos, Magda Portal es como en estos, la poetisa de la ternura. Y en algunos se reconoce precisamente su lirismo en su humanidad. Exenta de egolatría megalómana, de narcisismo romántico, Magda Portal nos dice:
PEQUEÑA SOY
Pequeña soy,
Me siento así, pequeña:
todo lo veo grande alrededor…
El cielo azul, los Andes grises
y este gran Sol,
que siendo yo, como una flor pequeña,
no llega a darme su calor.
Me apena verme así, por mi me apeno!
tengo una grande compasión:
me salgo de mí misma y me contemplo!
¡una brizna que baja solo soy!
¿Y esto, y esto que late aquí, en mi fondo,
esto que siento toda yo?
Pequeña soy, en mí tan solo es grande,
porque soy toda yo, mi corazón...
Pero, naturalmente, Magda, no es solo piedad ni es solo ternura. En su poesía se encuentra todos los acentos de una mujer que vive apasionada y vehementemente, encendida de amor y de anhelo y atormentada de verdad y de esperanza.
José Carlos Mariátegui
José Carlos Mariátegui La Chira