El proceso de la literatura nacional XXII [Recorte de prensa]
- PE PEAJCM JCM-F-03-3-3.3-1926-08-06
- Item
- 1926-08-06
Parte deFondo José Carlos Mariátegui
El proceso de la literatura nacional XXII
Los nombres y las obras que he revisado en esta serie de artículos representan, en mi opinión, las estaciones sustantivas de la evolución de la literatura peruana. No he tenido en esta sumarísima revisión de valores —signos el propósito de hacer historia ni crónica. No he tenido siquiera el propósito de hacer crítica, dentro del concepto que limita la critica al campo de la técnica literaria. Yo no puedo concebir ni entender la literatura como un fenómeno autónomo y solitario. En la serie de artículos o, mejor, en el largo folletón que he escrito para varios números de MUNDIAL, no me he propuesto sino esbozar los lineamientos o los rasgos esenciales de nuestra literatura. He realizado un ensayo de interpretación de su espíritu; no de revisión de sus valores ni de sus episodios. Mi trabajo pretende ser una teoría o una tesis y no un análisis.
Esto explicará —a los que aún no se la hayan explicado no obstante mi reiterada advertencia sobre el carácter de este estudio— la prescindencia deliberada de algunas obras que, con incontestable derecho a ser citadas y tratadas en la crónica y en la historia de nuestra literatura, carecen de significación esencial en su proceso mismo. Esta significación, en todas las literaturas, la dan dos cosas: el extraordinario valor intrínseco de la obra o el valor histórico de su influencia. El artista perdura realmente, en el espíritu de una literatura, o por su obra o por su descendencia. De otro modo, perdura solo en sus bibliotecas y en su cronología. Y entonces puede tener mucho interés para la especulación de eruditos y bibliográficos; pero no tiene casi ningún interés para una interpretación del sentido profundo de una literatura.
Mi estudio se detiene en César Vallejo, entre otras razones porque, como ya lo he dicho, este poeta, de señaladísima influencia en los "nuevos", inaugura un ciclo, abre un capítulo en la poesía peruana, y porque el estudio de la última generación, que constituye un fenómeno en pleno movimiento, en actual desarrollo, no puede aún ser efectuado con este mismo carácter de balance. Precisamente en nombre del revisionismo de los nuevos se instaura este proceso de la literatura nacional. En este proceso, como es lógico, se juzga el pasado; no se juzga el presente. Solo sobre el pasado puede decir ya esta generación su última palabra. Los nuevos, que pertenecen más al porvenir que al presente, son en este proceso jueces, fiscales, abogados, testigos. Todo, menos acusados.
Fuera y antes de esta serie de artículos, —destinados a formular las proposiciones generales de mi tesis que, en su intención y en su forma, es una requisitoria y no una sentencia,— he publicado en MUNDIAL diversas impresiones críticas sobre algunos autores y algunos libros. Y, continuando este trabajo de interpretación, me ocuparé después, separada y sucesivamente de los episodios y los casos que mis lecturas me señalen. No concluye aquí sino la exposición de una teoría.
Pero, antes de poner punto final a estas notas, considero necesario subrayar algunos rasgos fundamentales de este instante de nuestra literatura. Ante todo, ratificaré mi juicio de que la nueva generación señala la decadencia definitiva del "colonialismo". El prestigio espiritual y sentimental del Virreinato, celosa e interesadamente cultivado por sus herederos y su clientela, tramonta para siempre en esta generación. Este fenómeno iliterario e ideológico es presentar, naturalmente, como una faz de un fenómeno mucho mas vasto. La generación de Riva Agüero realizó, en la política y en la literatura, la última tentativa por salvar la colonia. Más, como es demasiado evidente, el llamado "futurismo", que no fue sino un neo-civilismo, está liquidado, política y literariamente, por la fuga la abdicación y la dispersión de sus corifeos. Y, liberada da los mitos coloniales, la literatura deviene cada día mas iconoclasta y revolucionaria.
En la historia de nuestra literatura, la "colonia" termina ahora. El Perú, hasta esta generación, no se había independizado aún de la Metrópoli. Algunos escritores, algunos artistas, habían sembrado ya los gérmenes de otras influencias. González Prada, hace cuarenta años, desde la tribuna del Ateneo, invitando a la juventud intelectual de entonces a la revuelta contra España, se definió como él precursor de un período de influencias cosmopolitas. En este siglo, el modernismo rubendariano nos aportó, atenuado y contrastado por el colonialismo de la generación "futurista", algunos elementos de renovación estilística que afrancesaron un poco el tono de nuestra literatura. Y, luego, la insurrección "Colónida" amotinó contra el academicismo español, —solemne pero precariamente restaurado en Lima con la instalación de una Academia correspondiente,— a la generación de 1915, la primera que escuchó deveras la ya vieja admonición de González Prada. Pero todavía duraba lo fundamental del colonialismo: el prestigio intelectual y sentimental del Virreinato. Había decaído la antigua forma; pero no había decaído igualmente el antiguo espíritu.
Hoy la ruptura es sustancia. El "indigenismo" el "andinismo", están extirpando, poco a poco, desde sus raíces, al "colonialismo". Y este impulso no proceda exclusivamente de la sierra. Valdelomar, Falcón, criollos, costeños, se cuentan, —no discutamos el acierto de sus tentativas— entre los que primero han vuelto sus ojos a la estirpe. Nos vienen, de fuera, copiosa y confusamente, variadas inflluencias internacionales. Nuestra literatura ha entrado en su período de cosmopolitismo. En Lima, este cosmopolitismo se traduce, entre otras cosas, en la imitación de no pocos corrosivos decadentismos occidentales y en la adopción de anárquicas modas finiseculares. Pero, bajo este flujo precario, un nuevo sentimiento, una nueva revelación se anuncian. Y, como ya lo he remarcado, por los caminos universales, ecuménicos, que tanto se nos reprochan, nos vamos acercando cada vez más a nosotros mismos.
José Carlos Mariátegui
José Carlos Mariátegui La Chira