La ex-comunión de "L'Action Francaise" [Recorte de prensa]
- PE PEAJCM JCM-F-03-3-3.3-1927-03-05
- Item
- 1927-03-05
Part of Fondo José Carlos Mariátegui
La ex-comunión de "L'Action Francaise"
La política de "L’Action Francaise" se definía, hasta hace poco, con estas tres palabras: monarquía, catolicismo, nacionalismo. Estas dos últimas aparecen en la historia en constante desavenencia teórica, no obstante su frecuente entendimiento práctico. La idea de la Nación se presenta como un producto del espíritu renacentista, denunciado por los doctores de la Iglesia como herético y protestante. Por nacionalista —esto es, por herética y protestante en primer o último análisis— fue condenada a la hoguera Juana de Arco. Católico es universal. Pero Charles Maurras, el filósofo de "L’Action Francaise" había encontrado siempre en el recetario de su monarquismo positivista la fórmula no sólo de reconciliar sino hasta de mancomunar catolicismo y nacionalismo.
El compromiso entre la Iglesia Católica y el Estado demo-libenal, —afirmado y ratificado en todo el mundo a medida que el liberalismo, después de asegurar el poder a la burguesía, perdió su sentido revolucionario,— favorecía paradojalmente la tesis de
Maurrás, enemigo irreductible del Estado demo-liberal, para él siempre herético y absurdo. La extinción de la vieja polémica entra la Iglesia y la Nación suprimía los conflictos teóricos y prácticos que habrían saboteado en otro tiempo su especulación filosófica.
Pero ahora el Vaticano, que sabe de oportunismo y de positivismo mucho más que el eminente monarquista, liquida con una declaración irrevocable el equívoco escondido en su programa. "L’Action Francaise" ha sido ex-comulgada. Los libros de Charles Maurrás, puestos en el Index. Y "L’Action Francaise", en vez de abjurar su herejía, la ha reafirmado. Charles Maurras y León Daudet han respondido con un rotundo "Non posomus" a la sentencia papal. Puestos a elegir entre su catolicismo y su nacionalismo, han optado por éste. O, mejor, por su monarquismo, eludiendo el dilema.
Naturalmente, lo que la Santa Sede ha condenado no es el nacionalismo de "L’Action Francaise" sino el paganismo de Maurras. En estos tiempos de fascismo, el Vaticano, en flirt diplomático con el fascio littorio, no se aventuraría a romper, imprudentemente, una lanza por el carácter ecuménico, universal, —ergo antinacionalista— de la catolicidad, a menos que muy fuertes y concretas razones se lo aconsejaran. El anatema cae cobre lo que hay de pagano y hasta de ateo en el fondo de la literatura y la filosofía de Maurras. Todos saben que el catolicismo de Maurras es inconfundiblemente oportunista y relativo. Maurras no está por la Fe, sino por la Iglesia. Su catolicismo reposa en razones prácticas. Ha llegado a él por la vía del positivismo. Es católico por tradición nacional. La monarquía en Francia fue católica; él, legitimista ortodoxo, no puede ser sino católico.
Mas de esto estaban enterados desde hace mucho tiempo todos los lectores de Maurras: adversos, amigos y neutros. La Iglesia era lo único que parecía ignorarlo. Le han sido necesarios al menos quince años más que a cualquiera para informarse cabal y definitivamente del espíritu de Maurras y, por ende, del espíritu de "L’Action Francaise”. (Y hay que referirse siempre a Maurras y no a Daudet porque el que está en causa es Maurras, La filosofía de "L’Action Francaise" es de Maurras; la literatura, de Daudet. O, mejor, en "L Action Francaise", Maurras es el ideólogo. Daudet el panfletista). Los doctores del Vaticano, interpelados, responderían probablemente así: —Es cierto. Todo el mundo sabía que Maurras no era un católico auténtico. Pero la Iglesia no podía comportarse como todo el mundo. La Iglesia era juez. Maurras estaba procesado. Su juicio ha durado todo este tiempo.
Se dice, en efecto, que la condena definitiva de Maurras estaba resuelta hace más de diez años. Parece que la guerra la detuvo. El Santo Oficio tenía documentada la peligrosa heterodoxia del pontífice del legitimismo francés. Se vacilaba, por complicadas razones de oportunidad, para fulminarlo con un anatema. Para resolverse a condenarlo, el Papa mismo ha estudiado toda su obra.
El golpe desde el punto de vista político, no es al nacionalismo. Es, más bien, al legitimismo, al monarquismo. Desde los tiempos del Concordato, el Vaticano ha renunciado completamente a contestar y, mas aún, a repudiar el orden burgués en Francia. Republicanos y demócratas son, al mismo tiempo, buenos católicos. El nacionalismo no está acaparado en Francia por la capilla de "L’Action Francaise". El movimiento reaccionario se guarda de identificarse con el movimiento monarquista. El fascismo francés tiene otros capitanes. Tiene hasta otros órganos: el diario dirigido por George Valois. En tanto, se dice que el Vaticano le guarda cierto rencor al anglicanismo que, bajo la monarquía, opuso tantas veces la iglesia nacional a Roma.
Por esto mismo, "L’Action Francaise" queda gravemente maltrecha. El derecho de llamarse católica le ha sido cancelado por la suma autoridad eclesiástica. El derecho a llamarse nacional le es contestado cotidianamente por las fracciones concurrentes. A la gaceta polémica de Maurras y Daudet no le queda, pues, realmente sino su legitimismo, su monarquismo. Esto es, la bendición platónica del duque de Guisse. Y el paganismo de Maurras, condenado por el Papa. Y la diatriba de Daudet, que no le interesa a la Iglesia, ni a la Historia.
José Carlos Mariátegui
José Carlos Mariátegui La Chira