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Tarjeta de Samuel Ramírez Castilla, 2/1930

Cuzco, último día de febrero de 1930
Mi siempre recordado don José Carlos:
Que estas lineas lo encuentren bien, son mis deseos. Sus cartas llegaron oportunamente sin me haya sido posible responderle hasta ahora. Entregué a Casiano su carta i me reclamó unos formularios q' no he recibido. El sobre cerrado para Odar se lo devolveré porque no he podido dar con él: no lo conocen ni Rado ni Valcarcel i otros muchachos con quienes ha debido estar.
El poema que le adjunto ya usted sabe que no tiene otro objeto que el de publicarse en Amauta. ¿Los renglones subrayados? Simplemente una letra o tipo mas grande que el designado al resto. Que no lleven raya.
Calculando que esta tarjeta llegue a sus manos, le haré un giro por el banco italiano para que me mande usted Redescubrimietno de América i Nuestra América de W. Frank en castellano. Le ruego tambien indicar los precios de diario de viaje de un filósofo, el mundo que nace i Europa. Si usted tiene a bien me manda todos esos libros indicándome, inclusive el porte, cuánto debo girarle por el banco indicado. O si los precios vienen antes, mejor. Tambien puedo ser su agente por los libros indicados, pues facil sería vender esos volumenes que aquí mucha gente anhela leer i no hay en ninguna librería.
Está bien lo que usted dice de estéfano.
Preparo el libro: "Por la unidad de los pueblos de América". Quiero que sea un libro de poco filosófico i de observación personal. Pues la palabrería está bien para discursos políticos. Lo que desde ahora me angustia un poco, es el gasto que demandaría imprimirlo.
Saludos a los amigos de que de mí pregunten o usted i familia reciban mis recuerdos.
Samuel

Ramírez Castilla, Samuel

Carta de David Mujica, 4/1/1930

Tacna, 4 de enero de 1930
Señor José Carlos Mariátegui
Lima
Grande y Admirado maestro:
No he podido sustraerme al deseo invensible de enviarle a U. mi cuento primogénito.
No quería por cierto, restarle los minutos de su laboriosa vida, tan útil para el porvenir del Perú.
Más el convencimiento de sus ideas y el poder sublime de su talento, me impulsan a escribirle, enviando el cuento, para que se digne U. opinar, admitir, en "AMAUTTA" (si merece) y así encauzar mi ruta.
Disculpe maestro, que le llame mío, pero soy de los suyos desde "La Escena Contemporánea".
Mi ocupación ha sido y es hace tiempo el enseñar en las Escuelas Primarias; sin embargo, con la lectura asidua de Revistas tan necesarias y oportunas, como "Amautta", Claridad, Boletín de la IMA han cambiado en mi, la rutina de la vida de los maestros de las Escuelas; y han hecho eco en mi espíritu: obligando mi superación y alimentando mi ideal.
Han reforzado mis esperanzas hacia un Perú: uno, grande y culto. Socialmente; uno. Politícamente igual.
Para ese Perú, trabajo y para él educo.
Cuente, digno maestro, en esta ciudad, su discípulo quien es camarada de los obreros y aliado de los débiles y engañados.
David Mujica.

Mujica, David

Carta de Juan Espejo Asturrizaga, 18/1/1930

Huamachuco, 18 de enero de 1930
Señor
José Carlos Mariátegui.—
Lima
Señor Mariátegui:
Me permito enviarle adjunta a la pte. unos poemas que desgloso de un libro que publicaré en este año y que vicisitudes económicas me han impedido el hacerlo antes.
Desde principios del año 25 que tuve el gusto de conocerle y visitarle en su residencia de Leuro no he regresado a Lima, habiendo permanecido todo este tiempo por estas serranías donde me trajo un nombramiento de profesor de Historias del C.N. de San Nicolás de esta localidad.
No obstante esta larga ausencia del seno de los compañeros de Trujillo mi vinculación con ellos y con todo lo que se relaciona con la cultura del país ha sido constante. He seguido paso a paso su labor en diarios y revistas capitalinas, así como en la valiente Amauta, enérgico puntal socialista en América, donde sabe usted darse con toda integridad.
Por todo ello mi más cálido aplauso, que todos mis entusiasmos le acompañan, ya que la causa de usted es la de todos nosotros.
Van mis versos por si cree usted que tengan cabida en Amauta y le saluda con toda admiración su amigo y S.S.
Juan Espejo Asturrizaga

Espejo Asturrizaga, Juan

Carta de Emilio Vásquez S., 4/1/1930

Ilave, enero 4 de 1930
Señor
José Carlos Mariátegui.
Lima.
Querido compañero:
Saludo a Ud. con el cariño que por todo concepto he sentido por Ud. en todo tiempo.
Debo agradecerle sobremanera por que haya Ud. querido dar cabida en las páginas de Amauta, a un poema mío, o sea Qutiniatawa, Lulu.
Solo merced a un espíritu tan amplio y compenetrado de los que es y debe ser un luchador social, como el suyo, podemos presentarnos los de provincias, ante los diferentes públicos lectores.
Me es sumamente satisfactorio anunciarle la aparición de mis poemas coleccionados en un pequeño volumen. Si las circuntancias se presentan, no con desalentadores golpes, será para el mes de abril o mayo a más tardar. La Editorial Titikaka se encargará de los trabajo y demás menesteres.
El compañero Churata, con la bondad que le caracteriza en este orden de cosas , hace en este momento todo lo que puede estar a su alcance a fin de darle el mejor éxito editorial al citado libro, cuyo autor es el amigo y servidor de Ud.
Hoy le incluyo el poema que leerá Ud. tras estas líneas. Si le es posible darle sitio en las páginas de Amauta, nuevamente, le agradeceré una vez más, para siempre.
Deseándole toda clase de venturas personales se despide de Ud., con un cordial abrazo, su incondicional amigo y compañero en la lucha cuyo propulsor es Ud.
Emilio Vásquez

Vásquez, Emilio

Carta de Juan Chabas, [1929]

Sr. Don José Carlos Mariátegui
Lima-Perú
Muy estimado amigo y compañero,
Contesto a su carta de 10 de octubre para acusarle recibo de las poesías de Eguren y el libro de Wiesse. tan pronto como hable de ellos le enviaré recortes.
La revista Amauta, admirable. Le envío a Ud. un artículo para que lo publique si le place. Siempre que tenga espacio procuraré enviarle algo. Lo hago generosamente, como muestra de mi sincera adhesión a la revista; pero si ordenaran Uds, la parte administrativa de la revista me agradaría mucho que no me descuidaran porque le aseguro a Ud. querido Mariátegui, que soy un escritor tan pobre de dineros como rico de buena voluntad.
A Machiavello déle Ud. mis mejores recuerdos. Me gustaría saber sus señas para poder escribirle. A Xavier Abril un abrazo que me escriba.
A Ud., lejano amigo, un abrazo de próxima amistad.

Chabas, Juan

Poemas ganadores del Concurso Poético de Vanguardia, 1927

Una carpeta con los poemas ganadores del Concurso Poético de Vanguardia de 1927, entre ellos los de: Magda Portal, Armando Bazán, Serafín Delmar, Cristóbal Meza y Julián Petrovick
El concurso se desarrolló en el marco de la Fiesta de la Planta y tuvo como jurado a Jorge Basadre, José Carlos Mariátegui y Arturo Sabroso.

José Carlos Mariátegui La Chira

Poema "Voz proletaria" por Carlos Arbulú Miranda, 1928

Poema titulado "Voz proletaria" de Carlos Arbulú Miranda fechado en 1928.

Transcripción:

Voz Proletaria

se están desatando a filas
de las bocas
las palabras violentas

en el jadeo estridente de las vidas
espolvorean su dolor todas las hambres
y hay un rechinamiento de voces
como goznes lacerantes de entraña

el obrero es un motor ruidoso de pobrezas

en el yunque de su frente
martillean como mazos todos los cansancios
y estalla el músculo 12 horas de trabajo
en la usina que se nutre de carnes proletarias

Marx esta espoleando ahora las miradas famélica

desde un rincón del tiempo
viene aguda la palabra nueva
a recoger miserias
y limpian el sudor de las expoliaciones

las fábricas frenetizan ya el grito luminoso de la justicia

todas las calles se hinchan de voces
al paso rojo de las multitudes

en las plazuelas se enarbolan canciones broncas
y hay un estrangulamiento de odios
bajo el huracán desatado de la victoria

la voz obrera herida de silencio
ha roto las amarras de la explotación

mañana amigos
saltará el Comunismo en manos de la Revolución

Carlos Arbulú Miranda

Chiclayo 1928.

Arbulú Miranda, Carlos

Poema de Fortunato Zora Carvajal, 1929

Poema de Fortunato Zora Carvajal titulado "Nevazón" de 1929.

Transcripción:

El Cielo se cubre de nieblas sombrías,
y alfombran la tierra pétalos de nieve...
Sopla un viento helado, rumoroso y breve,
viento de las punas ásperas y frías...

Los perros aúllan, temblando de frío,
y lloran las linfas del lánguido río.
Tristes pajarillas de oscuro plumaje,
saltan por la nieve del hosco paisaje...

Tiernos corderillos de vellones blancos
triscan en los duros, rocosos barrancos...
Las altas montañas semejan pirámides,
veladas por albas y brillantes clámides...

En rústica choza se anida el pastor,
y su quena vibra de pena y de amor...
¡Qué inmensa tristeza de la nevazón,
que arranca del alma doliente cancion!

Fortunato Zora Carvajal

Zora Carvajal, Fortunato

En torno a la polémica del criollismo de Xavier Abril [Manuscrito]

Artículo mecanografiado titulado "En tono a la polémica del criollismo" firmado por Xavier Abril en 1929.

Transcripción:

RICARDO PALMA es el árbol genealógico de la zamba litera­tura peruana. En esa palma está comprendido el criollismo amancaes del champus limeño, tan agradable al paladar literario, iba a decir cerebral, de los propugnadores de la "jarana”. Si hay algo que se debe terminar con rigurosidad específicas, es el criollismo y decadencia moral de la colonia. El criollismo es la síntesis de la mediocridad y de las bajas pasiones. Debido a nuestro criollismo, existe en el Perú, una dolorosa or­ganización de la pereza en la apreciación de los valores mora­les. Debido a nuestro criollismo, tenemos que ningún "valor" de ese movimiento puede cruzar con aires universales, que es lo que exige en los pasaportes últimos el canal de Panamá, para el libre transito. Tenemos, por último, que no tenemos moral, que es de lo que se trata primero de indagar para la organización de un pueblo. Lo curioso, lo anecdótico, lo espectacular y colorista del criollismo, no tiene después de un riguro­so análisis sociológico, sicológico y étnico, más que los mismos valores que se encuentran en las tribus de Africa. Si es que con el criollismo se pretende entretener la gastada y decadente burguesía del Perú, es na­tural entonces, su fervorosa dedicación de hembra.

Aconsejar el criollismo - viejo o nuevo, que sería siempre la misma anécdota del caballo de paso espiritual - es querer la vu­elta, el retorno, a la incertidumbre nacional, que significa lo criollo dentro del concepto étnico. Ningún arte se puede conseguir ya sino es con la base del socialismo ecuménico. Lo otro - la investigación y el credo criollo, por sentimiento americano,- no obedece sino a una reacción puramente de origen fascista y literario.

1929

Xavier Abril

Abril de Vivero, Xavier

Profesión de fe, de César Miró [manuscrito]

Mecanografiado titulado "Profesión de fe" de César Alfredo miró Quesada con fecha 1930.

Transcripción:

Mas de una vez quise decir mi fervor por Mariátegui. Siempre estuvo presente en mi inquietud, en mi vida. Más de una vez quise decir mi verdad, mi entusiasmo, mi fe. Mi fe revolucio­naria, mi verdad y mi entusiasmo revolucionarios orientados en la línea afirmativa que él nos trazó. Me detuvo, sin embar­go, esta consciencia alcanzada por quienes hemos llegado a comprender, a sentir en raíz honda, la disciplina de la angus­tia, del dolor social, del hombre que ha descubierto, ante la vida, -la propia vida- su propia responsabilidad. Este ha sido el motivo, mas que de mi temporal aislamiento, de mi ausencia. No es posible hablar del hombre sin conocer al hombre. No se puede hablar de verdad y de fe, sin haber antes orientado esta verdad y esta fe. Es por esto que quiero hoy estar pre­sente en "Amauta" que es como estar presente en mi propia ca­sa. Por otra parte, mi ausencia, sólo está limitada por una prescindible circunstancia de orden geográfico. Dudaría, tal vez, en otros momentos, al hacer esta declaración. Pero he ha­blado ya de consciencia de mi propia responsabilidad. Además, a mi nivel revolucionario actual no pueden llegar ni la pro­paganda demagógica y mal intencionada de los rebeldes errónea­mente hurtados por la política a la Universidad, ni menos aun su desorientada y desorientadora palabra de caudillos precoces. Es por esto, repito, que no vacilo en declararme íntimamente unido a la causa de "Amauta" que es la causa del socialismo, la causa revolucionaria de José Carlos Mariátegui.
No es preciso señalar, en esta hora amarga, la pureza de una obra que logró alcanzar la más clara y elevada definición.
Allí está la obra misma para afirmarlo; la obra viva y presen­te, en continuo movimiento creador. No podía traducirse de otro modo la inquietud de quien supo dar también a su vida una dirección política ajustada a un método, sometida a una disci­plina, subordinada a una filiación y a una fe.

César Alfredo Miró Quesada.

Madrid 1930.

Miró, César (César Alfredo Miró Quesada)

Poema "una por otra" de Nicanor de la Fuente, [1928]

Poema de Nicanor de la Fuente titulado "Una por otra".

Transcripción:

Una por otra

hasta donde compañero colgado de ese tango
si son anuncios de zapatería las pisadas
que vienen amacandose en las veredas de la noche

el baile nos horrorizaba y hacía enrojecer los licores

los senos tiraban bofetadas en el cumpleaños sensual
de los dedos inexpertos
y en el escándalo de la puerta de calle
se descalzaba la alta noche con un tufo de tango
en el aliento

hasta donde compañero si apenas el domingo
fue en tu corbata nueva una fiesta de besos
hasta las que tuviste que llegar rasgando interjecciones
en la exótica guitarra de tu tos

hasta tener muchos cansancios que doblar
como las servilletas usadas de los hoteles

nicanor a. delafuente

chiclayo-perú

Fuente, Nicanor A. de la (Nixa)

"A propósito de la encuesta de Monde sobre literatura proletaria" por Xavier Abril, [1928]

Texto del escritor Xavier Abril sobre una encuesta enviada por la revista Monde, sobre la literatura proletaria.

Transcripción:

La muerte de Zola parece que va a tener una última crisis por la "enquette" formulada por MONDE, sobre una posible literatura proletaria.

el pensamiento occidental puede ser técnica y ortodoxamente el más capacitado para enfocar el debate, pero en cambio, está muy lejos de poder orientarlo, para lo cual creo en la necesidad genial del proletariado. No podrán ser los escritores burgueses de Francia los que den con el espíritu matinal del pueblo. Creo también que para la orientación de este debate, el elemento "literario" francés (Jean Cocteau, pero no los surrealistas) servirá de traición a la causa proletaria.

En las primeras respuestas ya se puede entrever que a tan grande y trascendental debate, quiere arribar algo del ya cansado "esprit francés" en las notas de Jean Cocteau. Con Luc Durtain estoy de acuerdo cuando dice, que hay en el alma y el universo bastantes otras cosas que la cuestión social. De acuerdo. Pero es que esos otros fenómenos angustiosos y a menudo estéticos en Rimbaud y Lautremont, no nacen de la cuestión económica , social? La vida es al ado de toda divagación humorística, esencialmente social, humana. Negar con sutilezas la posibilidad de una literatura proletaria es tan mediocre como negar la literatura erótica que todos los años rejuvenece Francia al frente burgués del mundo.

Por otra parte, yo creo, que el debate de "MONDE" no debió de abrirse para la comprensión de las aristocracias mentales, sino para las conciencias sociales del proletariado. ¿Hasta cuando el pueblo va a tener tutores? Es precisamente en este debate que han debido desaparecer las figuras más venerables del pensamiento europeo. Por lo menos, pienso que se han debido renovar valientemente.

Romain Rolland o Miguel de Unamuno podrían acaso mirar con desagrado el curso de la polémica en voz y diligencia del pueblo? Yo creo que sobre todas las argucias literarias y estéticas de Jean Cocteau, que al pueblo no se le debe traicionar. (1)

(1) El debate sobre un posible literatura del proletariado queda clausurado después del desastre constatado en la obra de Emilio Zolá.

Xavier Abril.

Abril de Vivero, Xavier

La literatura yugoslava de hoy de R. Kaltofen, c.1929

Artículo de R. Kaltofen titulado "La literatura yugoslava de hoy" de 1929.

Transcripción parcial:

Cuando al concluir la guerra mundial, el deseo de unión de los serbios obtuvo satisfacción en su mayor parte, fue ciertamente creada la forma externa de la unidad, pero pronto se puso de manifiesto cuán diferentes era los caminos tomados en el dominio cultural por cada uno de los hermanos. Los croatas, que con su naturaleza hermética permanecen fuertemente aferrados a sus rancias tradiciones, se habían apartado bajo el dominio de Austria de la vida de los serbios, hablándose sometidos a influencias tanto alemanas como italianas. Por su parte, los serbios, como consecuencia de su estado secular de vasallaje bajo el régimen turco, estaban influenciados en alto grado por este último. Esto explica el hecho de que, desde el principio, apareciesen inmediatamente dos centros, no solo políticos, sino también culturales: Zagreb y Belgrado. Y aún habrá de pasar mucho tiempo antes de que desaparezcan estos antagonismos, originados por un desarrollo enteramente diferente. Cierto que se va notando cada vez más la influencia de un centro solo: la formación del Estado yugoeslavo ha hecho retroceder las influencias italotudescas en beneficio de un carácter nacional.

En la literatura yugoeslava de hoy se pueden distinguir tres periodos: La más antigua literatura, que llega poco más o menos hasta 1900, fue romántica y se desenvolvió bajo la influencia alemana. A ella perteneció el conocido novelista croata zenoa. Luego, influencia francesas e italianas determinaron la difusión del esteticismo y el formalismo. La manera de D'Annunzio ha influido sobre Voinovic y Begovic. A partir de 1914 se manifiestan todas las tendencias europeas: expresionismo, dadaísmo, futurismo, súper-realismo. Los croatas se apoyan principalmente en los alemanes; los serbios en los franceses. Apenas hay escritores con ideas socialistas. En la prensa obrera de se encuentra comienzos de tal literatura, por ejemplo "Borba", Zagreb, etc.

[..]

Kaltofen, R.

El primero de mayo en Jauja por Moisés Arroyo Posadas, 1929/05

Artículo de Moisés Arroyo Posadas titulado "El primero de mayo de Jauja" fechado en mayo de 1929.

Transcripción:

La celebración del Primero de Mayo en Jauja (Perú) no ha tenido los caracteres trágicos que mediante la estúpida provocación de la policía tuvo en Berlín, pero ha sido una revelación de la solidaridad del proletariado. Los trabajadores de Jauja se dieron cita para una unir sus dolores y sus anhelos en un solo y sobre todo para hacerse el firme propósito de asociarse solidariamente para luchar contra todos los malos de la llamada "civilización moderna" que no es sino la cultura capitalista, puesta ya en crisis en la última conflagración mundial.

Desde las primeras horas de la mañana del Primero y aún desde el día anterior la "Asociación Obrera" hizo circular los volantes de invitación para el mitin que debía realizarse a las dos p.m. por las calles de la ciudad. Hubo de desplegarse esfuerzos para conseguir el "permiso" de las autoridades locales, los que nos obstante se distinguieron por su incomprensión, pues durante la manifestación rodearon a los trabajadores de fuerzas de policía y el cura párroco y Alcalde Provincial se distinguió por su terquedad reaccionaria y su ignorancia.

A las 11 a.m. se realizó la sesión de renovación de la junta directiva, lo que señala a los trabajadores de Jauja un retraso en los métodos, pues casi todos los trabajadores de otras partes están sindicalizados. La nota proletaria la dio el compañero Nuñez quien pidió se rindiera homenaje, por breves momentos, a los caídos en Chicago en una fecha como la del primero. La sesión fue patrocinada por la "Asociación Obrera" y por el "Porvenir Obrero".

A la hora indicada y con la visible asistencia de grupo de campesinos se inició el desfile hacia uno de los teatros donde debía realizarse una actuación literaria. Ante numerosa concurrencia el compañero Luis Piana dio una conferencia sobre "Las mentiras de la civilización", empezando por hacer un estudio comparativo del progreso material y espiritual del mundo. Expresando que los progresos materiales no están en equilibrio con los progresos espirituales. Señaló el jesuitismo como una de la rémoras del progreso espiritual de los pueblos (No le faltó razón el doctor Piana, porque a los pocos días el cura-arzobispo Lisson, que tan admirablemente representa al clero inquisidor, retardatario y medieval, amenazó públicamente con el fuego eterno a sus carheros que se atrevieran a escuchar las conferencias del filósofo Jinarajadasa. Por supuesto todos rieron de la ocurrencia del frailecito y Jinarajadasa tuvo más público.)

Como una de las tantas mentiras de la civilización burguesa señaló el doctor Piana, la guerra, condenando, acertadamente, la actitud de algunos sociólogos que sostienen que la guerra es buena: "la guerra es un rezago del hombre antropófago"; "la guerra es la mejor higiene de la humanidad" e hizo una reseña irónica de las llamadas "Conferencias del Desarme" y de la "Sociedad de la Naciones", donde los intereses capitalistas, manejan a su antojo a los títeres con disfraz de delegados o diplomáticos. Luego señaló la complicidad de la prensa capitalista mundial con las farsas pacifistas y las alarmas patrioteras. "Tras de los diplomáticos que, en secretos conciliábulos, preparan las guerras-dijo- están los industriales de cañones y armas de fuego; don dinero les mueve a todos; la guerra solo tiene su explicación en el deseo del lucro, esos diplomáticos, "gobernantes", son peores que los antropófagos antiguos.

En seguida pasó ha hacer un estudio valorativo del dinero, estableciendo que no es la medida del trabajo y que la poseen los capitalistas, los que no producen nada. En relación a la justicia, dijo, que solo la tenían los burgueses, los ricos. Puso como ejemplo típico el país que carece de nombre y que ha dado en llamarse "Estados Unidos", donde se cometen los mas grandes crímenes, esto es, donde la justicia está de lado de los magnates del dinero o de sus agentes, principalmente, de los de Wall Street, donde se hace justicia de clase, donde la clase burguesa contra la proletaria, como el caso escandaloso del asesinato "legal" de los socialistas Sacco y Vanzetti. Sostuvo que el dinero era otra mentira de la civilización capitalista. Frente a estos males de nuestra sociedad actual, dijo, debemos oponer, hermanos en el ideal, una nueva civilización que descanse en la Solidaridad y la Fraternidad y recordó la frase de Hugo: "Hacemos delincuentes condenando a muerte" instó a salvar a la Humanidad creando una nueva civilización más justa
[...]

Arroyo Posada, Moisés

Reseña del libro La escena contemporánea por Luis Alberto Sánchez [Recorte de Prensa]

Recorte de la revista Mundial sobre una nota hecha al libro La escena contemporánea de José Carlos Mariátegui por Luis Alberto Sánchez del 11 de diciembre de 1925.

Transcripción:

La escena contemporánea por José Carlos Mariátegui

Ha reunido Mariátegui en este interesante volumen de 286 páginas, sus crónicas y estudios acerca de la actualidad mundial. Por ser quien es Mariátegui, sería inútil elogiar la amenidad de sus páginas, la fe profunda que las anima y la palpitante actualidad de cada uno de los capítulos que forman el libro.

Enumerar sus títulos sería suficiente, para avivar la curiosidad de los lectores sedientos. Trata lo mismo de la "Biología del Fascismo" que de la crisis de la democracia, y en cada una de las secciones de que está compuesto este libro, vibra la íntima convicción de Mariátegui, que no ha escrito un volumen de puro periodismo, sino de bastante doctrina. Mariátegui se diferencia en esto fundamentalmente de la mayor parte de los comentadores de la política europea. No se limita a relatarla, sino que la comenta severamente desde su punto de vista. Y su punto de vista no es muy piadoso para con los políticos burgueses, para con los directores consagrados de la vida mundial.

Le abona una sinceridad desbordante, y además, el completo conocimiento de las materias de que trata. Mariátegui ha vivido en Italia durante los tremendos instantes en que se planteaba la lucha socialista y empezaba la reacción fascista. El ha vivido, por consiguiente, aquellos problemas, y por eso no extraña la verdadera maestría con que los estudia, ni los certeros juicios que expresa.

Tiene capítulo apasionados y apasionantes: a aquellos pertenece "Mussolini y el Fascismo" y a éstos, "El Caso Jacques Badoul" y "Les enchai nements". Dudo que haya retratos tan admirables de Wilson como el que Mariátegui traza en "La Crisis de la Democracia". Precisamente, Francisco García Calderón se ocupó en un breve folleto del "Wilsonismo". A mí me place establecer el rápido paralelo, porque en él sale muy bien librado el hombre nuevo, el de mi generación, el de vanguardia. Mejor aprendió Mariátegui la ideología wilsoniana y la figura austera del apóstol. que el autor de "El Wilsonismo". En las pocas líneas del artículo de Mariátegui hay un sentido crítico exacto y un respeto enorme por el gran iluso. A Garcia Calderón le restaba serenidad, la fobia germánica, mientras que estas
nuevas revaluaciones wilsonianas, de un hombre completamente de hoy, revolucionario, son más espontáneas y justicieras.

No van a detenerse las líneas presentes, a glosar cada uno de los capítulos del libro, aunque bien lo merecen. De hacerlo, empezaría por señalar los párrafos sobre Lloyd George de una amable acerba. Quizás tendría que remarcar —dispensad lo galaico del término— los capítulos titulados "Hechos e ideas de la Revolución rusa" y "La Revolución y la inteligencia". Pero sería una selección arbitraria, porque en el libro de Mariátegui, lo que no seduce por la apasionada vibración del escritor, atrae por la clara y completa exposición de ideas y sucesos.

Se define, así, una vez más la posición ideológica de Mariátegui en nuestra literatura. Tal vez, más que en nuestra literatura, en nuestra cultura. Su labor no aspira a simples escarceos retóricos, ni a galanuras de estilo, sino que quiere crear movimientos de opinión, orientar hacia nuevos senderos, desmentir la cáfila de calumnias acerca del comunismo y plantear la solución de los problemas sociales, de acuerdo con principios profundamente humanos.

Y esto es más digno de ser tomado en cuenta, precisamente, por la filiación netamente literaria de Mariátegui, cuando hacía sus primeras armas, como suelen decir los biógrafos circunstanciales. Poeta, con atisbos de misticismo y, al mismo tiempo, de una frivolidad perenne, nadie hubiera creído que este autodidacta llegara a tomar el rumbo que ha tomado y a su ligereza de otrora, la reemplazara una adultez no exenta por cierto de agilidad y gracia.

Mariátegui ha conservado en su estilo la travesura periodística, pese a los trascendentales temas que enfoca. La frase nerviosa, acezante procura abrirse pronto campo entre el fárrago de ideas y llegar a la esencia misma del asunto. Es así como produce un interés indeclinable desde la primera página de su libro y agita inteligencia y corazón.

Por eso mismo, no es raro que el tono, a ratos azorinesco adolezca de pecados de inarmonía y falta de casticismo. No es una obra académica. ni tampoco de simple esparcimiento verbal. Mariátegui procura —y lo consigue— presentar las múltiples fases de la crisis del mundo "episodio por episodio, faceta por faceta", y mientras escribe una obra orgánica, van estos retazos cinematográficos a presentar al lector los más importantes aspectos de la actualidad tal como los ha visto un hombre austero y talentoso, joven y profundo, cuyo espíritu fuerte como pocos, ha resistido las tarascadas de la desventura y, a pesar de los reveses, mantiene su cordialidad y si energía.

"La escena contemporánea", admirablemente presentado y a un precio de nada más que un sol ochenta— es la primera obra publicada por la Editorial "Minerva", de la que nos ocupamos en otro lugar.

Sánchez, Luis Alberto

Carta de Domingo Martínez Luján, 16/4/1927

Lima, 16 de abril de 1927.

Sr. D. José Carlos Mariátegui.
Ciudad.

Muy estimado señor mío:
Nada me autoriza a iniciar mis relaciones con Ud. suplicándole me envíe el último número de "Amauta", revista de lectura útil e interesante. Me he proporcionado algunos números de ella que me han servido bastante para estimular mis energías, reconstruir mis ideales y consolar mis añoranzas...

Querría hablarle preferentemente de un libro de versos que debo de publicar porque está escrito. Apenas le falta el prólogo y el auto-prólogo que me propongo incluir en él. Me parece que todavía hay catadores del vino añejo de la vieja poesía, y esto no porque mis versos estén escritos en clásico, sino porque no han roto con la métrica, la retórica, ni la eufonía...

Lo cierto es —señor y amigo— que los poetas del ¡viejo modernismo, no cantan ni cantarán en épico-lírico tono, la "Gran Guerra"!...

Como quiera que mis confidencias no le interesan al público, no le recomiendo a Ud. que las prive de la publicidad. — Quedo, como siempre, a su mandato

D. Martínez Luján

Martínez Luján, Domingo

Carta de Domingo Martínez Luján, 7/5/1927

Lima, 7 de mayo de 1927.

Sr. D. José Carlos Mariátegui.
Ciudad.

Señor y amigo:

Le dirigí a Ud. una carta con la que iba un soneto a la Patria, carta en la que suplicaba me enviase el ya penúltimo número de su interesante revista. Mi señor enviado no me ha traído el número ni contestación alguna. Deploro esta circunstancia porque perjudica mi deseo de leer, regularmente, el periódico de Ud. — Ojalá quisiera Ud., ahora, mandarme su respuesta verbal — si es posible — con el portador, ó escrito á este "Hospital 2 de Mayo", sin más dirección que el nombre mío.

Saludo á Ud. muy afectuosamente y quedo, como siempre, á su mandar.

D. Martínez Luján

Martínez Luján, Domingo

Carta de Jaime Torres Bodet, 21/5/1927

México, D.F., 21 de mayo de 1927
Sr. José Carlos Mariátegui.
Director de la Revista Amauta.
Sagástegui 669.
Lima, Perú.
Muy señor mío:
Al recibir su carta del 27 de abril último me apresuré a releer —con el detenimiento que su solicitud reclamaba— el artículo mío que con el título de “Iberoamericanismo Utilitario” publicó Revista de Revistas en su edición No. 880 y crea usted que deploro no haber encontrado en él una frase equivocada o simplemente una violencia indebida de tono que me dieran la oportunidad, muy grata, de emprender la rectificación que usted pide ya que rectificarme es mi ocupación favorita.
Pero es el caso que, en el artículo de que hablamos, no hice responsable a Amauta de las opiniones de Hidalgo denigrantes para México que usted llama amablemente boutades y sólo cito a Amauta como el lugar en que las había recogido, obligándome a ello una elemental honradez de escritor. Si la opinión de usted y de sus compañeros de redacción no coincide con la de Hidalgo— y usted me lo asegura— no me quedará sino felicitar a usted y a ellos por su buen sentido. Pero de esta felicitación a la rectificación que quiere media una distancia que sólo la deferencia pudiera invitarme a recorrer.
El hecho de que el artículo de Hidalgo haya aparecido en la sección de ‘Libros y Revistas’ de Amauta, no salva a esa revista de la peligrosa responsabilidad de haberlo amparado, porque si bien la hospitalidad tiene sus deberes, también tiene sus derechos de selección muy claros y usted no parece haberlos ejercitado con la precisión que sus sentimientos iberoamericanos hubieran exigido. Por otra parte, decir —como usted agrega— que el “rincón bibliográfico” de Amauta no es Amauta misma, es hacer poco favor a la mentalidad del personal que está encargado de enriquecerlo.
Como usted ve, no he incurrido en ningún error de ligereza al creer a Amauta de acuerdo con la opinión de Hidalgo y si alguien está obligado a aclarar el criterio iberoamericano de esa revista —si alguno tiene— es usted mismo o quien de ello se encargue en la publicación que dirige.
De usted atento y seguro servidor.
J. Torres Bodet

Torres Bodet, Jaime

Iberoamericanismo utilitario de Jaime Torres Bodet [Recorte de Prensa]

Recorte del artículo "Iberoamericanismo Utilitario" de Jaime Torres Bodet publicado en Revista de Revistas Año XVII, nro. 880.

IBEROAMERICANISMO UTILITARIO

Especial para REVISTA DE REVISTAS

No hay dificultad —en la vida de una nación o en la de un hombre— que no esclarezca un punto oscuro y no defina una relación equívoca de su pasado. Así la inquietud de una crisis internacional ha deparado a México la oportunidad de penetrar las intenciones de los pueblos de la América Latina a quienes, por una política demasiado generosa, trató siempre de coordinar en una misma falange de ideales y de intereses.

En tanto que los Estados Unidos invaden las aguas de Nicaragua, Centroamérica se encierra en un mutismo diplomático. Los países del Sur, más poderosos, asoman un rostro sonriente a sus fronteras y, exaltados por la seguridad que da la distancia, se preparan a batir palmas al vencedor.

Los hechos son de una evidencia implacable y resulta absolutamente preciso, si no deplorarlos, sí arrancarse a las tradiciones de esa amistad latinoamericana que sólo florece en la hora de los festines y de los aniversarios académicos, pero que se muestra tan marchita, tan huérfana de fruto —y de raíz— en la hora del peligro.

Lo que hay de cruel en este distanciamiento iberoamericano, no está exclusivamente, por desgracia, en la actitud de los gobiernos que aducen, para explicarlo, razones de defensa nacional más en elogio de su prudencia que de su desprendimiento. A esta actitud de los gobiernos ha correspondido siempre el ademán egoísta de los pueblos. Hay más aún: los escritores de ayer y de hoy —tradición y vanguardia— del Perú, de Colombia, de Argentina, que, por su misma condición ideológica, debieran estar más ligados al conocimiento de las obligaciones que una misma sangre impone a veinte pueblos apenas iniciados en los compromisos de la libertad y en la astucia del gobierno, son precisamente los que hacen un orgullo de esta ignorancia.

Hace un año, en ocasión de la demasiado célebre polémica Chocano-Vasconcelos, Leopoldo Lugones que, en los días de nuestra adolescencia, suponíamos digno de representar el pensamiento de la Argentina pacífica, hizo publicar en un diario de su patria y en las páginas del REPERTORIO AMERICANO que dirige en Costa Rica el sereno y un poco equidistante García Monge, una carta en que se exponían sin disfraz los conceptos del egoísmo más descarnado.

"El problema del indio no es nuestro", afirmaba en esos renglones la pluma que redactara en otro tiempo los versículos iluminados de LAS MONTAÑAS DE ORO. "Es un problema que México ha querido imponer a los demás países de la América Latina, como ha tratado también de imponerles el problema de defensa común contra los Estados Unidos, que es sólo suyo".

"A Argentina no le interesan estas dificultades", añadía más adelante. "Es rica, en tanto que México es pobre, y goza de una paz abundante, mientras que México atraviesa por un turbulento período de destrucción social". Cito de memoria porque no tendría el valor de volver a penetrar en el tejido de esta literatura que parodia tan de cerca el estilo y los modos suficientes de los estadistas norteamericanos.

Y no trate José Vasconcelos —con el generoso esfuerzo que pone siempre al servicio de la unión iberoamericana— de afirmar que el caso de Lugones es una posición aislada en la conciencia de los escritores del Sur. Junto a Lugones está José Santos Chocano y, bajando de los peldaños más altos a la tierra firme de la mediocridad, están también todos los jóvenes que han desmentido a Lugones y a Chocano en lo que se refiere a teorías literarias puras, pero que se han afiliado a ellos en la vida y en la influencia internacional.

Precisamente hoy llega a mis manos una revista limeña. Se llama "AMAUTA" y es el órgano, en el Perú, de esa juventud en la que estábamos acostumbrados a esperar y a la que amábamos ya, de lejos, por lo que prometían. ¡Qué poco ha cumplido, no obstante, y qué mezquina cosecha es la que ahora nos ofrece!

En una de las páginas de esta revista (que llamaremos de vanguardia porque así ha querido designarse modestamente ella misma) encuentro, suscritas por el peruano Alberto Hidalgo, las siguientes frases, que citaré textualmente: "Los Estados Unidos están creciendo. Tendrán que extenderse sobre México, sobre Guatemala, sobre Nicaragua (¿cuántas aún? ¿Cómo se llaman las otras republiquitas?) Nada podrá evitarlo la política de lloriqueo y adulación que México desarrolla en el Sur para que lo defendamos contra el Norte. El imperialismo yanqui no es un peligro para la América del Sur. América del Norte para los norteamericanos. Quiero significar que no opondré ninguna resistencia a que los yanquis se apoderen de México el día que mejor les cuadre".

Nada más. Estas frases no merecen el más breve comentario, porque son precisas como la confesión de un delito; pero la actitud de México, ante tan repetido desprecio, ¿deberá seguir siendo la misma? No sugerimos que, a la indiferencia de allá, debamos oponer la nuestra. Representar a estos pueblos tan orgullosamente seguros (y, sin embargo, tan débiles), es nuestra misión espiritual y, también nuestro compromiso geográfico indeclinable.

Pero hay que revestir este acto de la real grandeza que lo anima y llegar a los sacrificios que implique con la inteligencia muy clara de que, al realizarlos, no esperamos el agradecimiento de las repúblicas que integran nuestra familia internacional. Ni lloriqueos, ni adulación. La certidumbre fría, en cambio, de que hay dos clases opuestas de iberoamericanismo. El nuestro, que no busca la consecución de un interés inmediato, y el de los "idealistas" jóvenes del Sur, que juzgan que el Canal de Panamá, trazado entre dos océanos por los Estados Unidos, será un límite bastante a detenerlos.

De este iberoamericanismo utilitario que es el único de que disponen para nosotros los escritores del Sur y va más allá del límite que se marcó a sí misma la doctrina Monroe; de este idealismo burgués que hace poesía como cría ganados en la pampa, México se ha salvado, por fortuna. Y lo han salvado el dolor, la pobreza misma de que hace burla tan ingeniosa el señor Lugones. Así el ayuno conserva a los pobres la esbeltez, en tanto que la hartura proporciona al rico, como una constante acusación, la conciencia de su abdomen.

JAIME TORRES BODET

Torres Bodet, Jaime

La escena contemporánea por César Falcón [Recorte de Prensa]

Recorte del artículo "La escena contemporánea" de César Falcón publicado en la revista Perricholi, el 4 de marzo de 1926, año 2, nro. 11.

PANORAMA MUNDIAL

La Escena Contemporánea

Escribo este artículo para un público al cual no necesito revelarle mi fraternidad espiritual con José Carlos Mariátegui. El público de Lima nos ha visto ir juntos desde la infancia, formando paralelamente nuestras almas y caminando en la vida al mismo paso. Cuando la brutalidad de una existencia cuyas injusticias abominamos los dos con idéntico alarido le arrancó a él la mejor de sus piernas, yo me quedé solo en el camino, silencioso, mordiendo mi dolor. Pero nuestros pensamientos han continuado la misma ruta. En las páginas de La Escena Contemporánea, el reciente libro de Mariátegui, hay muchos instantes del drama europeo que hemos visto juntos, muchas palabras que hemos oído o leído al mismo tiempo. En su libro he encontrado de pronto, con la plasticidad de una tabla primitiva, o, para personalizarla con un nombre que a él le gustará sin duda, del Cimabur, el panorama del tercio más importante —para mí, al menos— de mi vida. Por esto, mi juicio sobre La Escena Contemporánea se desarrolla hoy como una reacción espiritual ante un acto de mi propio espíritu, es en dicho modo la crítica de una conciencia que se analiza ella misma.

Lo de La Escena Contemporánea es su concepto esencial. Mariátegui no lo ha escrito con la intención fría de informar al pueblo peruano de cómo se gesta y desarrolla la política europea. Mariátegui no es un historiador de la política ni un biógrafo ideológico de sus actores. Es, ante todo, un político. Su información y su comentario pasan siempre a través de sus ideas y van al público reflejadas en el lienzo de su doctrina. Este es el aspecto del libro que me interesa más, porque yo también, como todo hombre sensible a la responsabilidad histórica de su existencia, soy un político.

Mariátegui ve el panorama político actual de Europa, y, en general, del mundo, con dos visiones paralelas. Los motivos centrales de todo movimiento político son, según la mejor síntesis de su juicio disperso, la revolución o la reacción. Ir adelante o volver atrás. El punto medio, el presente, ese acomodarse blandamente en el progreso adquirido y no moverse sino con extremada cautela para conservar la misma postura, no tiene, dentro su tabla de realidades, realidad ninguna. La fauna social se divide, esencialmente, en aquellas dos grandes fuerzas antagónicas. Las demás fuerzas pequeñas gravitan, acordes con su interés y su sicología, hacia una de éstas. La apreciación del fenómeno social tiene así una evidente exactitud. Es cierto que ningún grupo social tiene hoy un movimiento divergente de los dos grandes movimientos de la sociedad. Entre otras razones, porque no puede tenerlo. La alternativa admite distingos, contemplaciones, esperas cuando sirve de juego retórico. Cuando se realiza en hechos históricos hay que seguirla de todos modos. Se la sigue aun sin advertirlo. Quien no está en un lado, está en el otro. No importa que diga lo contrario. Sobre sus palabras está la profunda realidad de la política. Cualquiera que sea la exégesis circunstancial y la intención de un acto político, su significado cierto, que sólo puede verse en contraste con su eficacia histórica, es el de un acto revolucionario o un acto reaccionario.

Pero a esta impresión exacta de la biología política sigue el concepto de la revolución. Mariátegui tiene de la revolución un concepto formal, y de la forma de la revolución un concepto bíblico. La revolución le parece algo como el diluvio. Hay revolución donde el agua sube treinta codos sobre las más altas montañas. Donde no sube tanto o, en lugar de subir, corre por hondos cauces artificiales, hay, por el contrario, reacción. Las dos formas políticas antagónicas de este concepto son el comunismo ruso y el fascismo italiano.

A medida que un partido se acerca al comunismo ruso, se acerca a la revolución, y, de revés, cuando más se acerca al fascismo, más próximo se pone a la reacción.

En la dialéctica periodística de la época, eso se llama marxismo, y no sería arduo probar que lo es efectivamente. Lo arduo es probar que el comunismo ruso es aun marxista y que el marxismo contiene la fórmula mesiánica de la revolución universal. Yo tengo mi intención muy distante de tal empeño. La revolución rusa es, precisamente, la objeción más terminante al sentido universal del marxismo. Mientras pudieron mantenerse las ilusiones de una revolución europea, el pueblo ruso entregó generosamente su carne a la experiencia marxista. Pero el éxito de la experiencia dependía de la revolución europea. Es decir: el marxismo, la visión profética del Manifiesto Comunista, era necesariamente la revolución europea. Zinoviev, a quien Mariátegui, con excesiva lealtad marxista, concede demasiada importancia, ha sido hasta hace unos días el más constante y empecinado pregonero de la revolución universal y del marxismo político en Rusia. Pero hace unos días, la clarividencia genial de Trotsky le ha dado, con las nuevas reformas sociales adoptadas por el Congreso del Partido comunista, el golpe definitivo al marxismo político, de idéntico modo que la admirable ductilidad de Lenin le dio, hace tres años, con la nueva política económica, el golpe de gracia al marxismo económico.

Mariátegui dice: "La filosofía evolucionista de Spencer y la teoría de Darwin sobre el origen de las especies son dos productos típicos y genuinos de la inteligencia, del clima y del ambiente británicos". ¡Y el marxismo, y lo más sólido del marxismo, querido José Carlos! Porque esa visión profética de la revolución universal, ese encarnizamiento de la dictadura del proletariado, ese tono jehovático del Manifiesto Comunista, esa mirada incandescente hacia el porvenir, es del judío Marx, es el grito alucinado de un Isaías. Pero la verdad que el profeta tenía en la mano y que le inflamó la sangre fue el descubrimiento del factor económico en la formación de la moderna sociedad inglesa; la tenía, profundamente evolucionista, del materialismo histórico. Lo que el pueblo inglés hace espontánea e irracionalmente, Marx encontró en Inglaterra una gran verdad, una gran verdad inglesa, y la desparramó en el viento como la gran verdad de los hombres. Los judíos han tenido siempre, antes y después de Cristo, la mala costumbre de dirigirse a la humanidad. El último ejemplo es el de Zinoviev, quien, hasta que el partido le ha tapado al fin la boca, no ha cesado de hablarle a los exangües grupos comunistas supervivientes de Europa como si le hablara a todos los hombres nacidos y por nacer. Y el reproche no tiene importancia cuando quien habla nos descubre, como Marx, un nuevo contorno de la conciencia humana. Pero cuando se dicen las simplezas de Zinoviev, lo menos que puede hacer un hombre sensato es no perder el tiempo escuchándolas.

La pistola marxista le sirve a Mariátegui para disparar a Mussolini un copioso arsenal de adjetivos. Pero uno es sobremanera certero: italianísimo. Aquí, en este solo adjetivo, está, a mi entender, la síntesis más exacta del fascismo, y en la aplicación de los correspondientes al pueblo ruso y al inglés, los del comunismo ruso y el laborismo inglés. Los números también son símbolos del espíritu. Cuando Mariátegui y yo salimos una mañana del congreso socialista de Livorno, entropados en el grupo comunista, la Confederación General del Trabajo italiana tenía cuatro millones trescientos afiliados. El día de la marcha sobre Roma sólo le quedaban quinientos mil, y un año después, treinta mil. Es ingenuo creer que la conversión la hizo el manganello. Mariátegui y yo hemos visto el nacimiento del fascismo y sabemos que los millones de italianos marxistas, si hubieran querido, habrían acabado con él en cuatro días. Pero el fascismo era italianísimo como los cuatro millones de obreros de la Confederación. Esto no puede comprenderlo el marxismo. Esto lo comprenden los pueblos. Porque para un gran pueblo, como para un gran individuo, lo más poderoso, lo histórico, lo eterno es su personalidad. La revolución, sí; pero su revolución, a su manera, como él la siente y la expresa y como destaca su relieve sobre la perspectiva de los siglos. La revolución, en fin de cuentas, no es sino el medio de destruir el orden de vida existente con el ideal de construir un orden mejor, sólo que como el orden de vida no es idéntico en todos los pueblos, cada pueblo necesita realizar su revolución. Los esquemas mentales de un comité de judíos podrán servir para encender una llamarada transitoria. Mas nunca para promover y gobernar el gran movimiento de la consciencia colectiva que es y ha sido siempre el motor de las revoluciones. Este movimiento no se produce difundiendo una teoría, sino creando un sistema de convivencia social propio, en el que la personalidad colectiva adquiere su máximo desarrollo. Por esto, el comunismo ruso, a pesar de haberse despojado del marxismo, es una revolución profunda, y lo son igualmente el fascismo italiano y el laborismo inglés. Yo no sé si Mussolini y MacDonald transformarán el régimen social en Italia y en Inglaterra tan hondamente como Trotsky logre al fin transformar el de Rusia, o si otros hombres completarán la obra iniciada por ellos. Pero el comunismo, el fascismo y el laborismo irracionalmente marxista constituyen las revoluciones de Rusia, de Italia y de Inglaterra y, desde luego, los tres movimientos sociales más vigorosos y más históricos de la época.

La exactitud de tal observación se advierte, más que en estas líneas, en las propias páginas de La Escena Contemporánea. Mariátegui hace latir en ella la caudalosa vitalidad de los tres conglomerados revolucionarios, y esto solo da el signo exacto. La vida no se equivoca.

Yo me alegro de que se haya escrito La Escena Contemporánea para los pueblos del Perú. Pero quisiera que no la hubiese escrito Mariátegui. La inteligencia y el tiempo de Mariátegui nos hacen falta para estudiarnos y revelarnos nosotros mismos, para iluminar nuestra conciencia histórica y perfilar, por nosotros mismos, sin marxismos, sin la ilusión literaria del mesiánico Zusammenbruch de un capitalismo inexistente, nuestra personalidad colectiva y nuestra sociedad futura.

César Falcón

Falcón, César

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